“Radio encubierta” es más un homenaje que una cinta perfectamente estructurada, una mirada nostálgica antes que una portentosa comedia dramática. Es, por encima de todo, una deliciosa jukebox antes que una obra para el recuerdo.
Que nadie dude que la irreverencia, la incorrección política y la perpetración del humor cafre-sicalíptico no forman parte de la gramática de Richard Curtis. No es Curtis un Apatow en potencia y la comedia en la que se curte, apuntaba “Love actually”, se debe más a pillerías de poca enjundia y no a memorables gamberradas, acoge a los personajes y momentos más entrañables y con ellos se lleva al huerto a ese gran público al que tan bien conoce. No es esto crítica sino aplauso, ovación porque confirma el británico con “Radio encubierta” que sabe los exactos resortes a apretar en los exactos momentos para ganar la fibra sensible del espectador poco exigente. No es esto tampoco negación de un indudable ingenio que despierta tras algunas líneas de diálogo (y son las mejores aquellas de Bill Nighy), que sin embargo sólo despierta intermitentemente, como chispazos de genialidad dialéctica, pequeños triunfos entre el océano del humor más populista y menos inspirado.
Es también componente de la fórmula Curtis el elenco de altura, garantía de éxito cuando la tripulación de su barco reúne a asiduos de la comedia británica reciente: Nighy capitanea, por supuesto, pero bajo su mando Nick Frost también se demuestra genial sin Simon Pegg, Rhys Ifans y su comedia gestual se desenvuelven cual pez en el agua ante el micrófono y Kenneth Branagh es el acertado villano censor cuya comedia particular viene ineludiblemente anclada al silencio de la banda sonora. Los demás, exceptuando el infalible Philip Seymour Hoffman, son miembros de una comparsa, en su mayoría funcionales como un gag en sí, como instrumentos del humor mismo y no como personajes activos. Poco importa si el supuesto protagonista, aquel que sirve de punto de partida a la trama con su llegada al barco, resulta del todo anticarismático. Poco importa si las subtramas destinadas a poner el contrapunto dramático (la búsqueda de un padre, la traición amorosa) se ahogan en su endeblez narrativa, o que para acabar su excesiva, alargada película, Curtis necesite de un espectacular, casi descabellado giro final (como si eso nos fuera a privar del obligado happy end). Al fin y al cabo, “Radio encubierta” es más un homenaje que una cinta perfectamente estructurada, una mirada nostálgica antes que una portentosa comedia dramática. Es, por encima de todo, una deliciosa jukebox antes que una obra para el recuerdo.
Es el espíritu melómano el verdadero triunfador, el rendido homenaje a las radios piratas que suministraron a un país los días de gloria del rock’n'roll. El filme de Curtis funciona como una serie de momentos aislados, con algunas estampas irresistibles de los 60 (el beso junto a cierta furgoneta mítica de la década) que se alían con The Kinks, The Turtles o The Who, y alguna escena entre padre e hijo que consigue cargar más emotividad con el Father & Son de Cat Stevens que con todo lo aportado hasta entonces en cuanto a la relación. “Radio encubierta” es eminentemente melómana y goza de una banda sonora de órdago, pero su devoción musical naufraga en una comedia que rara vez supera la sensación de encadenar un momento tras otro sin apenas consistencia, sin que su incorrección a medias o su sensiblería floreciente tengan repercusión alguna en la memoria cinéfila.
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En las imágenes: Escenas de “Radio encubierta” © 2009 Universal Pictures, Working Title Films y Studio Canal. Fotos por Alex Bailey. Distribuida en España por Universal Pictures International Spain. Todos los derechos reservados.
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No se me enfade, Merovingio, que para ciertas películas hay que ser poco exigente, y eso no significa que sea usted un espectador fácil (que no lo creo). De hecho, yo lo que aplaudo es la capacidad de Curtis para ganarse el corazoncito del espectador. A mí me gana con la banda sonora, desde luego, pero sin ella, y un par de momentazos que la acompañan, me da la impresión de que “Radio encubierta” se queda en bien poco…
¡Un saludo!
Ough, Jordi, lo de “espectador poco exigente” ha dolido. A mí me gustó “Love actually”, una de las comedias románticas más simpáticas y agradables de los últimos tiempos, una cinta que estaba muy por encima de los intragables merengones de nata pasada con los que Hollywood nos invade semana sí y semana también. ¡Te la vas a ganar! XD



























































