Imaginemos que la pareja protagonista de “Titanic” hubiese sobrevivido al hundimiento. ¿Qué habría sido de su visión romántica de un futuro juntos? El impulso arrebatador que apuraron en el escaso tiempo del que dispusieron en el más lujoso transatlántico de todos los tiempos, ¿hubiera resistido el embate de la necesidad de ingresar en la rutina, de tener una casa bonita en una buena zona residencial, de los hijos…?
Aunque no esté relacionada para nada con la película de James Cameron que lanzó a un estrellato, por otro lado problemático, a Leonardo DiCaprio y Kate Winslet (ni por época, por supuesto, y tampoco por estilo cinematográfico), “Revolutionary Road” sí que nos apunta una respuesta a esas preguntas: no. Ninguna pareja puede atravesar la prueba de fuego del matrimonio burgués y pretender seguir aferrada a sueños inmaduros de libertad, de creación, de buscarse una existencia que no pase, obligatoriamente, por el fichar a horas fijas (en el caso de él), y de mantener impoluta una casa donde recibir a las vecinas a tomar el café y criar unos niños que, a ser posible, se lleven los mayores elogios de esas mismas vecinas (en el caso de ella). O al menos, en la América de los 50, la que surgió de la Segunda Guerra Mundial como una superpotencia a admirar, y que hizo del orden social uno de sus pilares.
Pero, aplicando el microscopio a ese mosaico de hombres y mujeres vestidos casi con uniforme (resulta soberbia la secuencia del viaje en tren del personaje de DiCaprio hasta su trabajo, confundido entre una masa gris de hombres vestidos de la misma manera, entre los que apenas se ve alguna que otra silueta femenina), lo que Sam Mendes viene a decirnos (como antes nos dijera Richard Yates en su novela homónima): que el precio a pagar es asfixiar los sueños, las ilusiones, la ilusión de un control de la vida… Con un caldo de cultivo así, no es extraño que paranoias como la caza de brujas encontraran un terreno abonado.
Pero nada de ello sería posible sin la prodigiosa interpretación de la pareja protagonista. Sin maniqueísmos, sin fáciles juicios de uno u otro lado, podremos simpatizar con la postura de cualquiera de ellos, pero en todo caso entenderemos los motivos de los dos, porque estamos ante retratos humanos, no fáciles caricaturas de un solo trazo. Contemplamos desde un lugar privilegiado, e incluso con la incomodidad del voyeur que lo es a su pesar, el hundimiento de una pareja envidiada por lo que, en el fondo, nadie sabe exactamente por qué: por guapos, por padres, por trabajadores, por simpáticos, por razonablemente excéntricos… por ser igual que los demás pero, al menos, llevarlo con estilo.
Leonardo DiCaprio vuelve a demostrar el inmenso actor que es regalándonos un personaje dubitativo y muy pegado a la tierra, alejado de sus últimas entregas como duro con corazón. Y la que raya el cielo es una hermosísima Kate Winslet que da la vuelta a las tornas de la película de Cameron: aquí, es ella la que naufraga ante nuestras narices, en un hundimiento psicológico que la aleja de los demás pero que, milagrosamente, sabe mantener un resquicio para que nuestra mirada curiosa pueda asomarse a su alma resquebrajada. Y no hace falta decir que los momentos para la memoria salpican una cinta que es, sin lugar a dudas, la mejor de Sam Mendes. Ante una joya así, ¿qué importa que la película tenga hechuras clásicas? Eso, en nuestros días, ya de por sí es una extrañeza (como ocurría con la reciente “El intercambio”, de Clint Eastwood), pero, si uno mira con lupa, verá que en realidad es como los Wheeler: especial en un mar de lugares comunes. O, quizá, como nosotros. Y además, tiene uno de los planos finales más magistrales que hayamos visto en mucho tiempo.
Calificación: 8/10
En las imágenes: Escenas de “Revolutionary Road” – Copyright © 2008 DreamWorks Pictures, BBC Films, Evamere Entertainment y Neal Street Production. Fotos por François Duhamel. Distribuida en España por Paramount Pictures Spain. Todos los derechos reservados.
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Uffff.. muchas gracias, Pecados. Lo único malo es, en el fondo, tratar de definir qué es exactamente el estilo… ahí sí que podemos asomarnos a un abismo
Un saludo!
Hay gente capaz de hacer magia con el cine, y gente capaz de hacer magia al contárnoslo. Sólo así se explica el interés que despiertan las críticas de cine. El interés… o la envidia: por originales, por directas, por poéticas, por concisas, por hilarantes… “o por ser igual que las demás, pero al menos, llevarlo con estilo”. (Frase maravillosa y expresiva como pocas).



























































