Estamos en uno de esos concursos televisivos en los que el participante se lo juega todo a una carta. Hay momentos en que parece que tiene la suerte de cara y el premio aumenta con cada respuesta correcta. A veces no se sabe si el presentador, en su papel de maestro de ceremonias, le anima a arriesgarse o le disuade de tentar de nuevo la suerte. Hay emoción y tensión, alegría y drama, dinero seguro y expectativas inciertas. Quien participa es una persona corriente de la calle, que pone su esperanza de felicidad en acertar la pregunta de turno y seguir así adelante en el concurso de sus sueños, algo que también puede acabar en frustración y alguna lágrima que otra. En “Slumdog millionaire”, Danny Boyle nos ofrece esas dos caras de la moneda del concurso millonario, de la India auténtica –lo dice el niño protagonista a unos turistas americanos– y la vida misma. No ha gustado nada en el país de las rupias por la imagen de pobreza y de sus gentes que recoge (slumdog hace referencia al perro de chabola, al paria), pero ha encandilado al público y la crítica occidental y opta nada menos que a diez Oscars®, que se sumarían a los Globos de Oro® y BAFTA conseguidos.
En realidad, lo del concurso importa más bien poco, pues es sólo un recurso narrativo para contarnos un precioso romance: el que viven desde su infancia Jamal y Latika, huérfanos por la guerra y el fanatismo, explotados por adultos sin escrúpulos ni moral y abandonados a un destino donde el azar juega su papel. Cada pregunta sirve para mostrarnos un fogonazo de un pasado increíble en la adversidad, y cada respuesta esconde una herida y pérdida dolorosas. Lo que el público festeja con aplausos y gritos de alegría, Jamal lo encaja con un gesto de tristeza porque le hubiera gustado no saberlo, no tener que estar ante la cámara… pero la vida le ha enseñado por la universidad de la calle mientras le iban dejando solo. Son las dos caras de la existencia: unos ríen, buscan el éxito en la riqueza, se traicionan yendo contra su conciencia y emplean la violencia; otros luchan por encontrar el amor esquivo y son demasiado sinceros cuando se les pregunta. Son también las dos caras de un Bombay donde la riqueza muchas veces se mezcla con la corrupción y el abuso mientras una gran masa humana malvive por las calles entre la pobreza, donde los niños son capturados por redes de gánsteres sin miramientos que les explotan –dura escena la del niño cegado–, y el pueblo que sirve té o pide en las calles sueña con sus héroes de cine o el éxito en el concurso de moda. Es, en definitiva, la opción del dinero-confort (Boyle ya la abordó en “Millones”) o la del amor como elementos de felicidad, en un dualismo que los dos hermanos encarnan a la perfección.
Por eso, la interpretación de Dev Patel resulta soberbia, cautivadora al transmitir esa sencillez e inocencia en sus gestos. Porque él sólo quiere una cosa y no sabe decir otra ni en el plató ni en la vida, porque exuda una tranquilidad insultante en medio del concurso… y está en una guerra que no es la de las armas ni la de las rupias. Una historia dickensiana en las barriadas pobres de la India, que tiene también su toque capriano porque alienta la esperanza del individuo más insignificante para alcanzar cotas inimaginables, para lograr un éxito que se forja sobre la verdad, la honradez y los buenos sentimientos. La pureza de intenciones, la rectitud de sus acciones y delicadeza del trato de Jamal son exquisitas, y encuentran su contraste en algunos de los adultos del filme y en su propio hermano, por seguir con las dos caras de la película. Extraordinario es el montaje y las transiciones temporales conseguidas con flashbacks muy eficaces y dinámicos, que nos llevan sin darnos cuenta a una infancia durísima pero entrañable gracias a la mirada dulce y optimista de los tres mosqueteros –excelente interpretación de los niños–, con una cámara que se expresa bien con planos inclinados o una concatenación de planos cortos, medios y generales que dan un tempo vertiginoso y dramático a la acción.

La primera hora es antológica –el arranque resulta impresionante, con el doble juego dramático y lúdico– y atrapa al espectador tanto por la realidad social y humana mostrada como por la moderna factura visual, con una trama que avanza con una espléndida, rítmica música y una fotografía realista que recoge todo el colorido –y miseria– de los arrabales. Sin embargo, el tercio final decae un poco mientras se demora el desenlace y algunos giros se acercan a lo convencional resultando un poco forzados –la reacción de Salim, el hermano de Jamal–. No obstante, la producción ha optado por realizar una película comercial dirigida a un público amplio, y también en eso logra su objetivo. De nuevo aquí vemos las dos caras de un trabajo equilibrado entre lo artístico y lo popular, el realismo crudo y la fantasía de los sueños, la estética manierista y el relato clásico, para acabar consiguiendo el favor de crítica y público y hermanar Bollywood –al final tenemos hasta el habitual baile coreográfico que refleja color y alegría– con Hollywood. Sin duda, contrapuntos para una obra redonda que apuesta por una visión optimista y esperanzada de la vida, en la que un chiquillo analfabeto demuestra saber todas las respuestas porque conoce la más importante. Y esta le impulsa de continuo hasta el final.
Calificación: 8/10
- Más información sobre “Slumdog millionaire”
- Fotos de “Slumdog millionaire” (20)
- Tráiler en español de “Slumdog millionaire”
- Crítica (9/10): En la vida está la respuesta, por J. Arce
- Crítica (6/10): Recomendable, pero no admirable, por J. R. Fernández
- Reportaje: Concursos por fama, dinero o amor, por A. M. Pérez
- Reportaje: Otros concursos cinematográficos, por J. Revert
- Nominada a 10 Oscars®
- Notas sobre cómo se hizo “Slumdog millionaire”
- Noticias relacionadas con la película y su equipo
- Microsite “Slumdog millionaire”
En las imágenes: Fotogramas de “Slumdog millionaire” – Copyright © 2008 Celador Films, Warner Bros. Pictures y Film4. Distribuida en España por Filmax. Todos los derechos reservados.
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Ante todo, la excelente propuesta visual del Sr. Boyle debería ser medida estrictamente desde lo cinematográfico. Pues ese es su verdadero lauro. Ahí están los aplausos de la crítica y del público, en lo referente a la butaca.
Claro está que el Sr. Boyle ha decidido una vez más narrar temas relacionados con pobres y ricos; o, para no herir la suceptibilidad de los confundidos, de ricos y pobres.
Conozco India desde adentro. Sus calles y su gente, su historia de 4 mil años (de la que Boyle no debe haber oído siquiera una anécdota), en fin, el Espíritu que define a esa civilización. Querer representar la vieja dualidad entre clases sociales (consepción netamente burguesa de la vida)es, a mi entender, el peor pecado de Boyle. él quiere mostrar desde Bombay que India es pobre…algo que el mundo no sabía!!! También en en Harlem y en los recodos de Edimburgo la miseria asecha. También en toda latinoamérica y hasta en los países más ricos del mundo. La pobreza y riqueza material, un problema tan irresoluto como necesario para el hombre, “no representan el espíritu de India Sr. Boyle”, por el contrario, puede llegar a ser el perfecto laboratorio que de firmeza a la falsa idea de que “en India pasa algo porque hay pobres”, de que “nuestra conciencia social debería darnos de patadas en los tobillos” ante tanta “desigualdad”.
Yo me pregunto: antes de India, ¿Y occidente, que todavía no inventó en los últimos 1000 años una filosofía que quiera abolir, siquiera de manera ideal, el progreso material?
Además, India, con 1.100 millones de habitantes y en aras de ser el país más poblado del mundo en los próximos 50 años, ¿Debe prescindir de la pobreza, siendo que EE.UU. tienen a sus pobres siendo el país más rico del mundo?
Intuyo que es necesario para el bien del espíritu de las artes que se dejen de juzgar sus disciplinas desde el complejo marxista de rivalidad entre clases por la posesión de la materia. Acaso no es en fin, el arte, eso que escribió. Nietszche, “la verdadera actividad metafísica del hombre”?
Aplaudir masivamente un film por su estética “excéntrica” (eso es India para el 95% de los occidentales) no me parece nada mal; señalar la pobreza material, me parece una vana pérdida de tiempo. Y que quede claro que la igualdad económica entre 10 personas siempre producirá resultados diferentes, imagínense entre 1.100 millones. Es algo más descabellado que una utopía: es una infamia.
[...] han seguido llegando al mercado del dvd algunas de las películas que triunfaron en los Óscar: “Slumdog Millionaire” es una historia de amor que aúna la luminosidad del baile y canción de Bollywood con el realismo [...]
Dagall… el concurso es solo la forma y un pequeño pilar, no el contenido…
Siento muchísima indignación al ver una película como “Slumdog millionaire”.
Representar cinematograficamente la contradicción universal entre riqueza y pobreza requiere de mucho pensamiento y de mucha sensibilidad por parte de un artista. Daniel Boyle carece completamente de pensamiento y sensibilidad sobre este tema.
En primer lugar en la cabeza del señor Boyle esta la burda concepción de que el convertirse en una persona rica o proviene de un golpe de suerte individual y accidental, o proviene del hecho de dedicarse a los negocios ilegales. Cuando la realidad es que para que un hombre pueda hacerse inmensamente rico, esto es, para que pueda convertirse en un capitalista, sólo puede hacerlo mediante la apropiación de cantidades desorbitadas de riquezas creadas por otras personas, mediante la explotación de la clase trabajadora del mundo, lo haga legal o ilegalmente. Dicho de otro modo, la existencia de la riqueza extrema concentrada en manos de unos pocos sólo es posible mediante la existencia de la pobreza extrema en la que vive la inmensa mayoría, y al revés ¿se ha preguntado acaso el director de dónde proviene toda esa riqueza que gana el protagonista al final de la película? No, para él sale de la nada, como un conejillo saldría del sombrero de un mago ¿y por qué no se lo ha preguntado? Porque para él, riqueza y pobreza existen de manera independiente entre sí.
En segundo lugar, al final de la película el director representa la admiración que sienten por el protagonista millones de personas que se encuentran en la más absoluta pobreza cuando éste, sin trabajar, gana toda ese dinero; quiere representar así el director, la esperanza que tienen millones de personas de salir de su estado de absoluta pobreza. Esperanza que, en la realidad representada, esto es, en el mundo no cinematográfico, nunca se verá satisfecha por golpes de suerte y de fortuna individual. Por lo tanto ¿qué nos quiere representar el director con este final? ¿acaso su esperanza de que los grandes problemas del mundo se solucionen por la vía de los golpes de suerte y de fortuna individuales, esto es, que se solucionen por una vía imposible? ¿acaso nos propone la aberrante conclusión de que es bueno que los millones de pobres sueñen en un golpe de suerte y de fortuna individual de por vida mientras se mueren de hambre? ¿acaso nos propone la aberrante conclusión de que es bueno apropiarse de ingentes cantidades de riqueza producida por otros sin trabajar y que esto es equivalente a triunfar en la vida? ¿se ha preguntado este director acerca de las consecuencias teóricas que se derivan de ese final? ¿no conoce el alcance mediatico de su película y por ello la responsabilidad social tan grande que contrae por el mero hecho de hacerla?¿sabrá lo que es en un sentido profundo el respeto por la vida humana?
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