Pese a lo gratificante de su tratamiento, pese a su capacidad para espantar el dramón exacerbado al que se presta la historia, “Sólo ellos” peca de cierta cobardía al plantear y no profundizar en varios de los temas y subtextos que propone.
Desde su primera secuencia, “Sólo ellos” se ubica inmediatamente en las coordenadas que la definen: una voz en off que acompaña a una puesta de sol australiana; un todoterreno que circula temerariamente por una playa en la que los bañistas profieren insultos contra su conductor; el padre que lo conduce jugando a la anarquía con su hijo pequeño, sentado en la parte delantera del automóvil. Scott Hicks anuncia ya aquí su intención de ajustarse al formalismo que le define desde su interesante “Shine” (1996), su apuesta por el melodrama erigido desde la identidad australiana, aquí tan presente en los bellísimos paisajes recorridos en el relato como en símbolos para los peligros que rodean la inestabilidad emocional de sus protagonistas (por ejemplo, el hecho, varias veces mentado, de que las diez serpientes más venenosas habiten en el continente australiano).

De nuevo incurriendo en los terrenos de la adaptación (la película parte de la novela autobiográfica “The boys are back in town”, de Simon Carr) y de nuevo en la familia desmembrada, hay que agradecerle a Hicks que, pese a los escasos estímulos que pudieran ofrecer mimbres y temas sobados y saqueados incansablemente por el género (el cáncer, la ausencia materna, la reconstrucción tras la tragedia), aborde el material con consciente alejamiento de sentimientos enfáticos, de la pornografía emocional. “Sólo ellos” muestra una sorprendente contención dramática, solventando sin aparatosidad sus puntos más críticos (la enfermedad y muerte de la madre y esposa) y permitiendo una visible, reposada evolución psicológica en su triángulo protagónico: el padre de familia (Clive Owen) que instaura el desorden y la irresponsabilidad como (falsas) vías directas hacia la recuperación; el hijo pequeño (Nicholas McAnulty), insondable en sus vaivenes emocionales; y el adolescente (George MacKay), perteneciente a un matrimonio anterior y con déficits de afecto e integración.

A pesar de lo gratificante de su tratamiento, de su capacidad probada para espantar el dramón exacerbado al que se prestaba la historia de partida, es de igual recibo reconocer en el filme de Hicks cierta cobardía. Cobardía porque, en no pocas ocasiones, se atreve a inaugurar subtextos en los que no se atreve a profundizar: la inaccesibilidad del mapa psicológico, sentimental de un niño tras la pérdida irreparable; la imposibilidad del adulto para el reinicio de las emociones y los pasos prescritos hacia una nueva relación; el miedo a la reedición de la tragedia, como lo abordara hasta las últimas consecuencias por Winterbottom en la irregular “Génova” (2008). En última instancia, estos deseables grandes temas quedan en el tintero para ser sustituidos (el canon manda) por una feliz serie de estampas de la superación emocional.
- Ficha completa de “Sólo ellos”
- Fotos de “Sólo ellos”
- Tráiler de “Sólo ellos”
- Previa: Familia masculina, por J. Revert
En las imágenes: Fotogramas de “Sólo ellos” – Copyright © 2009 Miramax Films, Screen Australia, BBC Films, South Australian Film Corporation, Hopscotch Productions, Tiger Aspect Productions y Southern Light Films. Distribuida en España por DeAPlaneta. Todos los derechos reservados.
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Película de emociones y de cuan torpes pueden llegar a ser algunos padres (en este caso referido al sector masculino), una especie de “Kramer contra Kramer” de nuestros días pero en Australiano.
Película del director Scott Hicks (“Shine”, “Corazones en Atlantida”) que discurre por veredas emocionales, ya que la historia en si se podría contar en cuatro rayas. Después de tantos titanes, guerras, conflictos internacionales y otras grandilocuencias varias, merece la pena bajar a la tierra y confrontarnos con nosotros mismos a un nivel mas profundo que el simple vaivén de acontecimientos que nos importan in pito. Después de personajes sin ninguna o poca profundidad, merece la pena mirarnos en el espejo de acontecimientos que nos tocan de cerca, como pueden ser la muerte de alguien querido o la “simple” relación entre padres e hijos, aunque me parece que en este caso, las relaciones padres hijos, en el entorno Australiano son algo diferentes que en el mundo Mediterráneo.
También es interesante la fotografía de los parajes de “Down Under”, sus colores y su especial luz quedan excelentemente reflejados en el film.
En este caso los actores son fundamentales para el desarrollo de la película, lo cual siempre suele ser cierto, pero en ocasiones mas que en otras. Clive Owen esta bastante bien, un poco seco,también los críos y demás secundarios, desarrollan sus papeles a la perfeccion.
Es una buena película y creo que merece mas que 6/10, aunque no se que nota le pondría, siempre es difícil evaluar una cosa tan compleja como una película y claro, luego vienen los agravios comparativos…
saludos.

























































