Wayne Kramer apelotona personajes y situaciones en un metraje atolondrado y aburrido. El director pasa sobre la superficie de los temas que propone, sin despertar intereses excesivos y resultando demasiado evidente.
Max (Harrison Ford), un agente especial afectado por su trabajo; Taslima (Summer Bishil), discriminada por opinar con honestidad sobre el 11-S; Claire (Alice Eve), aspirante a actriz dispuesta a todo por la tarjeta de residencia; Gavin (Jim Sturgess), buscavidas que se sirve de una religión que no practica para obtener un empleo… “Territorio prohibido” (ver tráiler), la nueva película del irregular e impreciso Wayne Kramer, propone un crisol cultural, racial y religioso que bulle en Los Angeles en torno a la siempre compleja ─y, en parte por ello, recurrente─ cuestión de la inmigración más o menos legal en los Estados Unidos. La lucha por los sueños se libra de nuevo en la pantalla, y otra vez lo hace reducida a su más simple expresión.

El director propone temas no por manoseados menos atractivos: la identificación de Islam y radicalismo, el lógico desgaste anímico de las fuerzas de la ley, las obligaciones familiares versus las obligaciones laborales, la corrupción en los estamentos reguladores, y un amplio etcétera que no consigue hacer atractivo por lo facilísimo de sus resortes, personajes y situaciones. Con aspiraciones de ser estilísticamente hermana de “Traffic” (2000) o “Crash” (2004), Kramer estructura su narración en pequeños compartimentos que forman parte de un todo mucho más amplio y ambicioso: la humanidad misma y la arbitrariedad implacable que rige nuestro mundo y nuestros destinos. Pero la ausencia de ritmo choca frontalmente con una edición que pasa de un lugar a otro con brusca velocidad, de manera que no puede profundizar en ninguna de sus historias cruzadas, quedando en la superficie de cada caso particular.

Además, el guión, también firmado por el realizador, tiende progresivamente al melodrama tremendista, estableciendo conexiones imposibles y azarosas limítrofes con el absurdo. La moralina que el libreto desprende por un lado se descompensa con las erráticas decisiones elegidas para dar conclusión a algunas de las historias clave que componen la película, de manera que papeles interesantes se desmenuzan, al tiempo que otros parecen optar por el camino más rápido para quitarse de en medio. Un cóctel amargo, en definitiva ─artísticamente hablando, claro─, que en parte refleja el caos mismo de la verdad que retrata, aunque no lo pretenda. Pero un cóctel aburrido y pavisoso, con un discurso interno y externo que no aporta soluciones ni mensajes relevantes a una problemática inagotable.
En las imágenes: Fotogramas de “Territorio prohibido”, película distribuida en España por Vértice Cine © 2009 The Weinstein Company, Kennedy/Marshall Company y Movie Prose. Todos los derechos reservados.
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Me ha encantado. Una película bienintencionada que retrata la realidad en grandes trozos, sin tomar demasiado partido, sin exigirte una rápida respuesta emocional. Te permite pensar, te invita, te conduce a reflexionar, sin menlancolía ni grandes aspavientos. Es bueno ver retratado nuestro mundo a través de la mirada de los que están fuera.
Que quiere que le diga, señor Arce, en los tiempos que corren y tras atiborrarnos de películas simplonas y repetitivas, este tipo de cine nos acerca un poco a la realidad, esa que duele y que encanta al mismo tiempo. Es cierto que es un poco ficticia la humanidad que destilan algunos de los agentes de la ley en esta película, atrapados entre cumplir con el deber de una legislación carca (por no utlizar otros adjetivos más duros) y una realidad que los deshumaniza cada día. Es más que probable que este tipo de personas no existan entre los cuerpos de seguridad de los USA, por eso el mensaje es doblemente válido: si no existen tendrían que existir, deberían existir. Claro que es moralidad, pero es aquella estrictamente necesaria: la que no juzga, sino que enseña, muestra y reflexiona. Y además la cinta no me pareció nada aburrida. Es cierto que no alcanza el nivel de Crash, pero es otro soplo de aire fresco entre la misma impostura hollywoodiense de cada fin de semana.
Me encantó ese contraplano que resume el film enun salto de grúa, cuando el poli bueno se va a casa de los pades de Mireia Sánchez, la joven muerta en el desierto: el tráfico colapsado en direción USA y la fuidez de entrada en México. No es siquiera una metáfora, por ser pura realidad documental abruma su belleza. Mis felicitaciones al equipo que relaizo Crossing over.
Joder, ya era hora de que la estrenaran en España dos años después de estrenarse en el resto de países.
























































