Un thriller paranoico y conspiratorio, en el que la presencia de dos estrellas como Clive Owen y Naomi Watts funciona como reclamo suficiente de cara a la taquilla pero que no satisfará al espectador por lo aburrido de la trama.
La lista de realizadores que han saltado a Hollywood a probar fortuna desde distintas partes del globo es tan ingente que resulta prácticamente imposible de abarcar. La de aquellos que servilmente han cedido a la maquinaria de la fábrica de sueños, dejando por el camino todo lo que, precisamente, llamó la atención de los jerifaltes de las majors, también, por desgracia. Y continuamente gotean nombres que tratan, a veces con cándida inocencia, a veces con materialista avidez, de hacerse con un hueco en las atestadas distribuidoras que reposan en la soleada California. El problema es que, en muchas ocasiones, quienes cruzan el charco para situarse tras las cámaras de una producción de abultado presupuesto sólo tienen una oportunidad.
Louis Salinger (Clive Owen) está convencido de que una poderosa entidad bancaria, IBBC, se lucra a base de provocar conflictos bélicos en el Tercer Mundo, generando millones a base de traficar con armas para derrocar gobiernos, instaurar otros y, en última instancia, controlar la deuda generada. La cuestión es demostrarlo, porque alrededor de la compañía se estructura una compleja red que cuenta con complicidades que alcanzan altas esferas políticas, sociales y policiales que entorpecen los avances de la investigación. Su determinación, y la ayuda de su compañera Eleanor Whitman (Naomi Watts), serán las herramientas que necesite para destapar la conspiración. La verdad es que “The international: Dinero en la sombra” llega en un momento de lo más adecuado, sumidos como estamos en una crisis global sin (casi)precedentes, en la que los ciudadanos de a pie no sabemos muy bien a qué atenernos y observamos con recelo las oficinas en la que nuestros ahorros dormitan a la espera de que tengamos un instante de alivio y podemos hacer uso de ellos sin tener que apurarlos al máximo. Pero, más allá de la coincidencia, no hay nada. Absolutamente nada.
Tras un arranque interesante, a los pocos minutos la película comienza a ceder para destilar un aroma a coproducción hueca, sosa, carente de brío en su trama y situaciones, que se salva únicamente por la mano de Tom Tykwer, precisa a la hora de rodar pero insuficiente ante lo inane de lo que nos cuenta, máxime al mostrarse incapaz de obtener la más mínima expresividad de un Clive Owen tan atractivo, desaliñado e insustancial como empieza a ser demasiado habitual. Paranoico hasta más no poder, el thriller global deviene en historieta en la que los grandes despachos en imponentes edificios de cristal albergan mafiosos, líderes políticos y militares, ejecutivos impolutos y corruptos agentes de la ley, un castillo de naipes argumental que se desmorona progresivamente a medida que la serie B se adueña de todo y de todos, de suerte que en nuestra memoria sólo queda esa estupenda secuencia en la que la acción desenfrenada deja huella en los pasmados visitantes del Guggenheim neoyorquino. Así las cosas, poco importa el discurso del guionista debutante Eric Singer, en el que la pretendida crítica a uno de los grandes males de nuestro presente ─la acción impune de los que deciden el destino de tantos desde la oscuridad─ queda solapada por lo insípido de un libreto destinado al olvido. Eso sí, el cineasta germano se ha esforzado tratando de construir un armatoste visualmente efectivo y depurado, y ahora le toca mover ficha. Aunque igual la mueven otros por él.
En las imágenes: Fotogramas de “The international: Dinero en la sombra” © 2009 Columbia Pictures, Relativity Media y Atlas Entertainment. Fotos por Jay Maidment. Distribuida en España por Sony Pictures Releasing de España. Todos los derechos reservados.
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[...] José Arce (LaButaca.net), Agente internacional es un thriller “paranoico y conspiratorio”, con una trama “aburrida” [...]



























































