Un preciosa historia que cobra vida gracias a un fabuloso trabajo visual, técnico y estilístico de la mano de Tomm Moore. La luz y la oscuridad se enfrentan en una batalla intemporal maravillosamente presentada.
Los habitantes de Kells levantan un muro que proteja el pueblo de la amenaza de los vikingos. El joven Brendan (voz de Evan McGuire en la versión original) aún no lo sabe, pero tendrá en su mano la llave del futuro cuando acuda a un bosque cercano en busca de frutos que sirvan para entintar un misterioso libro. Tomm Moore adapta en “The secret of Kells” su novela gráfica homónima, un embriagador trabajo de animación multipremiado y alabado en festivales de todo el mundo y que mereció una nominación al Oscar® en su última edición. No hubo nada que hacer, era el año de “Up”, pero no hacerse con la dorada estatuilla en absoluto desmerece o desluce una propuesta tan atemporal en su mensaje como refrescante en sus recursos visuales, estéticos y estilísticos.

A partir de la eterna lucha entre la luz y la oscuridad, Moore establece un marco contextual oscuro y peligroso para los que tratan de asirse a los pilares de la civilización, por oposición a la retrógrada ─quizá excesivamente, cuestión de contexto histórico─ barbarie invasora; la batalla entre iluminados y vikingos orbitará alrededor de la creación de una novela que abrirá la puerta a la esperanza, el famoso Libro de Kells que forma parte sustancial de la cultura celta tradicional desde que fuese escrito, supuestamente, a finales del siglo VIII en un monasterio escocés de la isla de Iona. Así pues, verdad y ficción se unen en un canto a la imaginación, al respeto y el abrazo del conocimiento como herramienta de desarrollo personal y colectivo al margen de oscurantismos y temores infundados hacia lo desconocido; eso sí, el ritmo es un tanto irregular y desconfiado, aunque se beneficia positivamente de una subyacente e inevitable temática universal que alcanza con facilidad desde su colorido localismo.

Meticulosamente creada, la película se hace grande en su respuesta a las tendencias actuales de la animación digital y tridimensional ─que en absoluto rechaza─, con un aspecto y acabados sorprendentes, embriagadores y bellísimos, un hallazgo visual permanente que mece los sentidos en una narración concisa ─supera escasamente el metraje la hora de duración─, que invita a dejarse llevar a un mundo paralelo y eterno. Arropado el conjunto en una sencillamente fabulosa banda sonora de Bruno Coulais, la perspectiva y la geometría que sirven de base al trabajo artístico del equipo responsable del film cobran vida a medida que la incertidumbre se despeja y el conflicto sublima sus componentes fabulosos; “The secret of Kells”, a partir de una maestría técnica que aúna vanguardia y clasicismo, satisfaría a buen seguro a aquel monje que plasmó sobre un velo de piel de becerro una obra incomparable que un milenio más tarde, gracias a la magia del cine, cobra vida renovada.
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En las imágenes: Fotogramas de “The secret of Kells” © 2009 James Flynn, Les Armateurs, Vivi Films, Cartoon Saloon, France 2 Cinéma. Distribuida en España por Karma Films. Todos los derechos reservados.
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Yo le pongo un 10, me ha emcantado. Sin menospreciar el cine de animación que estamos acostumbrados a ver, esta película activa todos los sentidos porque es diferente y única. No veremos otra igual (a lo disney o a lo pixar). Mucho más que la historia, es el contenido visual lo que cuenta. Es de esas peliculas que provocan respuestas diferentes y cada momento es ,por sí mismo, importante y sustancial. No se trata de entretener a la gente con un fin. La película es el fin en sí misma, y esto es un indicio claro de la obra de arte.
La he visto subtitulada hace un par de meses. Lejos de la parafernalia visual habitual de los archiconocidos estudios de animación 3D (aunque su belleza es igualmente sublime), su apuesta es mucho más natural (por no-saturada) y sus implicaciones filosóficas mucho más profundas. De todas maneras, el final me pareció un poco abrupto, como si las líneas finamente trazadas durante la primera hora (la película a penas dura 75 minutos) se agolpasen súbitamente en los minutos finales. No se trata de la típica sensación de “bueno, me quedo dándole vueltas al tema”, sino más bien, simplemente, como si la resolución del “conflicto” se volviese demasiado tendenciosa.
Con todo, gran película. Recomendadísima.

























































