No debe de haber muchos casos como el de Frank Miller: uno de los nombres fundamentales del cómic actual, se ha planteado su paulatino cambio de medio expresivo (del impreso al cinematográfico) no como una radical sustitución, sino más bien como el desarrollo de la misma y constante inquietud creativa a través de los distintos canales. Lejos de un Alan Moore que ha dejado en manos de otros la traslación de su universo creativo (y así le ha ido, salvo honrosas excepciones), Miller ha preferido, en la medida de lo posible, controlar lo que se hacía de un mundo particular en el que la revisión de los iconos consagrados de la viñeta ha estado a la orden del día.
Por ello, no deja de ser curioso que los mismos que aplauden la transformación que en el papel hizo del universo de Batman, alejándolo de la visión ingenua y demasiado luminosa de su creador Bob Kane (y que estaba más cerca de la versión pop de la serie televisiva de los sesenta), se hayan echado ahora las manos a la cabeza por lo que ha hecho con otro icono, no tan popular pero sí idolatrado por los amantes del cómic, como Spirit, personaje crado por Will Eisner, uno de los que dieron carta de nacimiento al nuevo género. ¿Es que alguien puede extrañarse de que la suya sea una visión llena de sentido del humor, y paródica de unos estereotipos que tenían su lugar en el mundo en los cuarenta pero difícil encaje en nuestra época?
Debe de ser que el empeño en hacer oscuros a los personajes nacidos en épocas bien diferentes nos ha nublado la vista. Si Miller hubiese optado por una visión seria, en la que Spirit fuese un espíritu sediento de venganza y lleno de remordimientos, todos estaríamos aplaudiendo su visión adulta y llena de connotaciones psicológicas y políticas. Pero como da la casualidad de que este francotirador ha decidido salirse por la tangente, desmarcarse de lo que debe hacerse para buscar un camino por sí mismo y regalarnos un artefacto que no se toma en serio en ningún momento, riéndose de los clichés estereotipados y que, en parte, él mismo contribuyó a crear (¿alguien puede tomarse en serio esa voz en off, reflejo y a la vez contestación a la cargante y con intención de trascendencia “Frank Miller’s Sin City: Ciudad del Pecado”?), el anatema cae sobre él.
Lo que me consuela es que no creo que le quite el sueño, aunque difícilmente nadie volverá a poner en sus manos un holgado presupuesto. Pero lo cierto es que, en “The Spirit”, un Miller desatado deja correr a raudales lo que hasta en sus obras más serias como creador de cómics latía: un vitriólico sentido del humor que lo recorre todo, y que así deconstruye la imagen del héroe macho y devorador de mujeres, de las mujeres llenas de curvas y, a su vez, devoradoras de hombres (difícil quitarse de la retina el uso que Eva Mendes hace de la fotocopiadora) e, incluso, de los alambicados mad doctors de los que Octopus, con sus ridículos discursos y planes maquiavélicos, es directamente la burla personificada.
Tal vez el problema es que, con tanto querer dar estatus de gran arte al nacido en las páginas de las revistas baratas y los periódicos de gran tirada, hemos perdido de vista que hay muchos caminos en él. Para que nos entendamos: bienvenido sea “El Caballero Oscuro”, pero afortunadamente aún queda sitio para Iron Man y Mortadelo y Filemón (cuyo sentido del humor no está tan lejano al que, por momentos, Miller utiliza con los secuaces de Samuel L. Jackson). Gracias, Frank, por no querer adocenarte… ni siquiera en tu propio mito.
Calificación: 6/10
En las imágenes: Escenas de “The Spirit” – Copyright © 2008 Lionsgate y Odd Lot Entertainment. Distribuida en España por Sony Pictures Releasing de España. Todos los derechos reservados.
|
|
|
AVISO: Su publicación no es inmediata, los comentarios están sujetos a moderación. La opinión de cada comentarista es personal y no tiene por qué coincidir necesariamente con la de los responsables de esta web.
Bueno, creo que por eso no debes sufrir, crunch, porque después de este descalabro, al menos en cine, sí que le van a conceder la jubilación…
Un saludo!
Lo siento Miguel, No comparto tu visión del asunto y la comparación entre Spirit y Batman.
A ver, por lo pronto el Batman que coge Miller ya no era el de Bob Kane; el personaje ya había pasado por muchas manos y O´Neil y Adams ya habían hecho esfuerzos por convertirlo en un personaje más adulto (no un psicópata, como hizo Miller) mientras que Spirit sólo conoció a un autor y era una obra de autor, no de editorial.
Yo soy el primero que cree que una pelicula y un cómic son cosas distintas y creo que hay que adaptar el relato al medio… pero por el amor de Dios, procura ser fiel al espíritu de lo adaptado; si no, llámalo de otra forma y todos contentos.
Por cierto. Miller hace mucho que dejó de ser un buen narrador; y probablemente su gran problema sea su enorme ego… suele ocurrir cuando a uno lo denominan genio demasiado joven y sin serlo realmente.
¡Un gran Buuuuuuuu para Miller!
Desde aquí propongo la creación de la plataforma para la jubilación de Don Frank



























































