Jonás Trueba debuta en la dirección de largometrajes con una agridulce comedia romántica, que queda a la postre como un fallido ejercicio de búsqueda de libertad narrativa y estilística. Oriol Vila no aguanta la responsabilidad protagónica.
Ramiro (Oriol Vila) y Andrea (Bárbara Lennie) tratan de seguir adelante tras una relación de seis años de convivencia. Sus esfuerzos por encontrar nuevos caminos personales centran la mirada de Jonás Trueba en su debut tras las cámaras, “Todas las canciones hablan de mí”; a sus 29 años, salta a la dirección de largometrajes tras colaborar con su padre, Fernando Trueba, en la adaptación cinematográfica de “El baile de la victoria”, la novela de Antonio Skármeta que pese a no recibir muy buenas críticas se convirtió en la apuesta nacional en la carrera por el Oscar® el pasado año. Su puesta de largo no se marcará a fuego en la historia del séptimo arte, aunque su sinceridad esencial ─que es mayor que la formal─ puede apreciarse en su justa medida.

Comedia agridulce, pretendido retrato generacional, romance estrábico lastrado por el peso de la rutina, la propuesta del realizador novel apunta en una dirección considerablemente más interesante en su arranque que en su desarrollo, extenso y progresivamente tendente al abandono de temáticas tan sugerentes como fácilmente reconocibles. Desde su mismo título, que hace referencia a cómo nuestros estados de ánimo más universales ─esas felicidades y tristezas derivadas del amor hacia nuestras parejas y allegados─ se adaptan a los referentes culturales más inmediatos, pasando por el estancamiento emocional provocado por el automatismo de la convivencia ─Ramiro y Andrea no tienen problemas evidentes, simplemente ceden, en sentido literal─, o el tantas veces inevitable hecho de vivir el presente a base de recuerdos pasados, la película arriesga considerablemente en tono y apuesta formal, sin tener muy claras las consecuencias de sus presupuestos estilísticos.

Y es que colocar como eje de la narración ─a caballo entre la primera persona y la voz en off en tercera─ a un personaje voluntariamente ambiguo, volátil, difícil de encajar desde la distancia y tratado incluso como un secundario en las secuencias grupales, agota pasados los primeros rollos; Oriol Vila, además, desinfla su interpretación paulatinamente, superado de manera inevitable por secundarios estupendos como el desaprovechado Bruno Bergonzini o la magnética Bárbara Lennie. La presentación ultranaturalista de los acontecimientos aporta entereza visual, aunque se desencaja ante una banda sonora fallida, caduca y apolillada, por mucho que Trueba logre esquivar acusaciones de pedantería desde la honestidad de lo que persigue, que no es otra cosa que reflejar un momento en el que todos nos hemos encontrado en algún momento de nuestras vidas. En definitiva, “Todas las canciones hablan de mí” queda como ejercicio de libertad encorsetada, aunque esperemos no sea sino el prólogo de futuras alegrías.
En las imágenes: Fotogramas de “Todas las canciones hablan de mí” © 2010 Castafiore Films y Tornasol Films. Distribuida en España por Alta Classics. Todos los derechos reservados.
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Un apunte, señor Arce: Jonás Trueba tiene 29 años, no 19. Una cosa es ser precoz, pero tanto, tanto… Nació en 1981, por tanto tiene 29 añitos.

























































