“Tres días con la familia” es un triste retrato de la familia y las necesidades insatisfechas de personajes desvalidos en su soledad. Buen guión que penetra en el interior de unas almas dolientes, con una excelente y sobria puesta en escena.
No salimos del entorno familiar que últimamente ha invadido la cartelera, y asistimos en respetuoso silencio al entierro y funeral del abuelo. Más por compromiso y formalidad que por otra cosa, su muerte es motivo suficiente —junto a la herencia— para reunir a los cuatro hermanos con sus cónyuges e hijos… después de una buena temporada sin verse las caras. Así comienza “Tres días con la familia”, cuando Léa llega desde Toulouse y es recibida por su padre Josep Maria, entre tensos silencios y escuetos diálogos que no hacen sino presentir que algo va mal. Tíos, primos y demás parentela van llegando al tanatorio entre la indiferencia y la arrogancia, en un ambiente que se va haciendo irrespirable para la joven Léa, al cerciorarse de todo un mundo subterráneo de apariencias y rencillas, de amargura e incomunicación que acaba por llenar de tristeza su alma.
Estamos ante un nuevo fruto de la Escuela Superior de Cine y Audiovisuales de Cataluña (ESCAC) y ante la ópera prima de Mar Coll. Pero sorprendentemente se trata ya de un fruto maduro, ejemplar y sabroso incluso en su tristeza y pesimismo. Y lo es porque la cámara sabe colocarse en el lugar preciso y respetar los silencios de unos rostros heridos y fracasados, porque las miradas son tan expresivas que no es necesario ningún efectismo dramático salido de tono, porque los protagonistas están perfectamente dibujados en el guión a la vez que se logra un retrato generacional atinado y unas sólidas relaciones entre ellos. Vemos en Pere un reflejo de su difunto padre, prepotente y muy seguro de sí mismo —aunque en este caso sea un arquetipo caricaturesco—, a Josep Maria como el individuo descentrado que nunca se atreve a intervenir en los problemas, a Toni como el hijo bueno y sacrificado, siempre pacificador, y a Virginia como la escritora cínica y displicente que está de vuelta de todo. En el fondo, a estos hermanos no les duele tanto la muerte del padre como el fracaso de sus vidas, aburridas y secas en su rutina, egoístas y falsas en su hipocresía, ahogadas en la soledad y la amargura.
Con enorme sutileza y unos diálogos ajustados, con una planificación cuidada y un diseño de producción muy atento a los pequeños detalles, queda recogida cierta mentalidad burguesa que vive de espaldas a la realidad y que naufraga en el desamor, una actitud que huye del foco del conflicto yéndose lejos y otra que lo hace refugiándose en el alcohol o la formalidad. La tensión sube enteros en el triángulo de Josep Maria, Jöelle y su hija Léa —también porque la historia está contemplada desde el punto de vista de la joven—, con tímidos intentos por ser cordiales y afectuosos a la vez que tratan de respetar la distancia y frialdad impuestas: no quieren provocar rechazo pero tampoco abrir el alma, y por eso falta claridad y también comprensión.
Buen guión que sabe penetrar en el interior de unas almas dolientes, con una excelente y sobria puesta en escena, y una perfecta dirección e interpretación de los actores: sorprende Nausicaa Bonnín sosteniendo largos planos con gesto contenido y áspero, y no sorprende Eduard Fernández porque ya es bien conocido por el espectador. Ambos fueron reconocidos en el Festival de Málaga junto a la propia Mar Coll, que se llevó el premio a la mejor dirección.
Retrato profundamente triste de la familia y también de las necesidades insatisfechas de unos personajes desvalidos en su soledad. Un funeral de muertos en vida cuando el difunto que está en la caja es sólo excusa para radiografiar el estado putrefacto de unos padres fracasados en su autosuficiencia e hipocresía. A la cinta le falta emotividad porque se opta por la contención y frialdad, mientras que se huye de una historia explícita y cerrada al pretender sólo recoger un estado del espíritu durante tres días, más atentos a la sugerencia y al sentimiento interior. Pocas películas en la industria nacional resultan tan conseguidas en lo cinematográfico, tan verosímiles en su pesimismo y nihilismo, tan afiladas y sutiles en su crítica social, y también tan parciales y sesgadas en el retrato familiar mostrado. Habrá que seguir la pista a esta directora y esperar una comedia suya donde haya chispa, oxígeno, luz y alegría.
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- Ganadora de 3 premios en el Festival de Málaga
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En las imágenes: Fotogramas de “Tres días con la familia” – Copyright © 2009 Escándalo Films. Distribuida en España por Wanda Visión. Todos los derechos reservados.
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No deja de parecer curioso que Mar Coll acabe de terminar su primer drama, acertado, detallista y con la confianza de no tener que forzar la intensidad dramática de sus personajes, y ya se le esté “reclamando” una comedia para que nos amenice y se la disculpe el retrato triste de esta película. Discrepo, que haga lo que le pidan sus intereses y emociones (y tratándose de cine, lo que pueda) y no se fuerce a ninguna variedad genérica y de registros sin más. A veces una especie de tabú que pesa sobre la desdicha, nos acerca algo a un cierto infantilismo. Por cierto, cuando hay tantas comedietas tan infames que, esas sí, resultan realmente deprimentes.
[...] objetar porque mérito y calidad no le faltan, aunque mi apuesta era por Mar Coll y su opera prima “Tres días con la familia” (seguro que tendrá muchas oportunidades esta catalana en posteriores [...]
La familia llega a la cartelera con el verano…
La llegada del verano parece propiciar el estreno de películas que giran en torno a la familia, algunas de ellas de incuestionable calidad y que recomendamos a continuación. Para empezar, merece un lugar de privilegio “La Caja de Pandora”…





























































