Ni es una sátira ni es un drama, pero tiene detalles de ambas. Es en ese esfuerzo declarado por forzar los límites donde reside su máxima debilidad. Tiene muchos alicientes, pero funcionan más recordados por separado que vistos en conjunto.
Arnaud Desplechin es una fuerza cinematográfica de primer orden. Y así, no extraña que “Un cuento de Navidad” sea una cinta rellena de materiales de lo más diversos, de las citas literarias a la tergiversación de los géneros tradicionales (en este caso, uno de tanta solera como la reunión a la fuerza de una familia disfuncional para las celebraciones navideñas), una larga lista de personajes (cada uno con su momento de gloria), diálogos y montajes más tradicionales que conviven con recursos más arriesgados (los discursos a cámara, esa secuencia de la madre, Catherine Deneuve, mostrándonos la casa donde todos se reunirán), registros dramáticos conviviendo con otros cómicos y hasta surrealistas…
Todo ello hace de “Un cuento de Navidad” una película por momentos incómoda para el espectador, porque nunca le permite relajarse. En cierta forma, es como si este no supiera a qué carta quedarse: ni es una sátira ni es un drama, pero a la vez tiene detalles de ambas. Y en ese esfuerzo declarado de su director por forzar los límites y llevar al extremo las posibilidades del lenguaje cinematográfico es donde, paradójicamente, reside al mismo tiempo su máxima debilidad. Porque, inevitablemente, el recurso a tal cúmulo de elementos y al dibujo de una serie extensa de personajes termina incidiendo en la propia tensión y coherencia de una cinta que, por momentos, se dispersa y termina haciéndose incluso más larga que su duración real (ya de por sí cercana a las dos horas y media).
Aun así, alicientes los tiene, y muchos, pero funcionan más recordados por separado que vistos en conjunto. Así, como era de esperar, prácticamente todas las intervenciones de ese soberbio actor que es Mathieu Amalric son de antología, bordando un personaje que oscila entre lo desagradable y lo simpático, el hermano en el que viene a concentrarse la herencia de desequilibrios de una familia marcada por ellos. Como también en la contención y debilidad de su hermana, Anne Consigny, permanentemente enfrentada al anterior y que arrastra la culpabilidad de una primogenitura trágicamente sobrevenida, además de la maternidad de un hijo con problemas mentales que le hace plantearse mil cuestiones.
Son sólo los ejemplos de una familia en la que la madre muestra una gelidad extrema, una especie de caricatura en la vejez de lo que siempre representó la Deneuve. Una familia en la que los secretos se acumulan y solapan entre todas las generaciones. Pero quizá el aspecto dramático que ofrece mejores resultados sea el de la enfermedad de la madre, la misma que perdió a su primer hijo, y cuya única esperanza de cura (no definitiva) es un trasplante de una médula compatible. La búsqueda de esa médula entre los miembros de la familia, además del descubrimiento de que el repudiado (Henri, el personaje de Amalric) puede ser el que tenga en sus manos su salvación, es tan sólo el eje central de una trama de la que van surgiendo otras, como la relación oculta entre Sylvia, el personaje de Chiara Mastroianni, casada con el benjamín de la familia, y Simon (Laurent Capelluto), primo de este.
Sin embargo, es el conjunto lo que falla, porque en cierta manera es como si nos enfrentásemos a un filme a medio hacer, en el que las escenas parecen sucederse únicamente siguiendo el patrón de las ocurrencias de su director. Y es una lástima, porque de esa manera instantes tan enormes como el brutal desmayo de Amalric en plena calle, quedan reducidos a extemporáneas salidas de tono que ponen demasiada dificultad para meterse de lleno en la película. Que Desplechin tiene talento, es evidente. Pero que quizás le falle el sentido de la dosificación, también.
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En las imágenes: Fotogramas de “Un cuento de Navidad” – Copyright © 2008 Why Not Productions, France 2 Cinéma, Wild Bunch y Bac Fims. Distribuida en España por Alta Classics. Todos los derechos reservados.
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“Un cuento de Navidad”: Los Tenenbaums no tenían la última palabra…
Una disección tragicómica y dolorosa de una familia disfuncional, la cinta está contada con narrativa absorbente y empaque clásico, donde la transgresión de los géneros y la destrucción permanente de los tópicos son la norma a seguir.
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