“Up” cuenta una historia humana y entrañable sin empalagar. La nueva joya de Pixar demuestra un dominio incuestionable del lenguaje visual y la narrativa sin pretenciosidad. Cine apoyado en portentosa imaginación y fuerza dramática.
Abrió el Festival de Cannes y ahora llena las salas de cine. Es la nueva joya de Pixar y seguro que no la última, porque cada entrega se cuenta por obra maestra. “Up” lo es porque narra una historia humana y entrañable sin empalagar, porque sus personajes encarnan valores y sentimientos eternos sin que el espectador tenga la sensación de que le están dando una clase de moral, porque demuestra un dominio incuestionable del lenguaje de la imagen y la narrativa sin asomo de pretenciosidad, porque niños y adultos sonríen y pasan un rato entretenido a la vez que aprenden a soñar con el cine y a poner su imaginación en movimiento. Y porque nos vamos de aventura en globo a ver las Cataratas Paraíso en Sudamérica, para terminar tomándonos un helado sentados en la acera, mientras contamos los coches amarillos y azules que pasan por la carretera.
El espíritu de ensoñación y aventura de “Up” está presente en ese Carl Fredricksen niño que vive en carnes propias las hazañas y humillaciones de su admirado Charles Muntz, y que se identifica plenamente con su espíritu aventurero. Su mirada absorta se transforma en tímida mudez cuando conoce y se enamora de la hiperactiva niña Ellie, y pasa a formar parte de su club de exploradores y también de su vida. Son unos primeros instantes de vértigo en que los juegos infantiles dejan paso a los sentimientos más profundos, y estos a la vida misma con todos sus imponderables y rutinas. En una magistral secuencia en que los planos se suceden con duración precisa y economía narrativa modélica, la historia de una vida juntos pasa ante nuestros ojos —genial el modo de mostrarnos el dolor del joven matrimonio por no poder tener hijos—, con una hucha mil veces rota y el sueño de visitar las Cataratas Paraíso siempre pospuesto… hasta que llega la vejez y la muerte, el acoso inmobiliario y la justicia (in)humana… Apenas ha pasado media de cine antológico, y con ella una vida ordinaria sin nada espectacular que reseñar, siempre a la espera de ese prometido viaje que su mujer pueda ilustrar en su “Diario de aventuras”.
De la alegría inicial pronto pasamos a la tristeza y a la nostalgia, bien puntuadas por una magnífica banda sonora de Michael Giacchino que nos transporta por los aires cuando el peculiar globo aerostático aún no se ha levantado del suelo. Comienza una aventura al estilo de Hayao Miyazaki pero más convencional en lo narrativo, con un anciano Fredricksen siempre acompañado del retrato y espíritu de su difunta Ellie… y de un pequeño intruso tan necesitado de cariño como él mismo (muy interesante la relación y enriquecimiento entre ambos). Tenemos ya a dos generaciones de exploradores, una apoyada en una portentosa imaginación y otra en un completo equipamiento donde no falta el manual del perfecto boy scout. La historia entra entonces en el más puro género de aventuras y, sin perder el atractivo visual y la fuerza dramática —por ejemplo durante la tormenta—, sin renunciar al suspense y cierta tensión —la escena de la lucha sobre el dirigible—, la cinta parece perder algo de su magia y sutileza en un enfrentamiento de personajes con distinta motivación: el orgullo herido del rencoroso Muntz, el íntimo y obsesivo dolor en el bueno de Fredricksen o la inocencia en el joven y voluntarioso Russell. Sentimientos puros compartidos por sus respectivos animales de compañía, quizá el punto más flojo de la película, pues la locución de los perros habladores no da la sensación de estar bien integrada en la trama y el espectador casi se siente “expulsado” de la historia, aunque se entienda el sentido metafórico de ser reflejo del alma de su amo.

Con todo, Pixar nos ofrece una bella y enternecedora historia de amor que explora el corazón de Fredricksen y del espectador para decirles que oigan la voz de Ellie sugiriéndoles que escriban una nueva aventura, que ella ya ha escrito la suya pasando la vida a su lado —emotivo momento el del diario—, que ese era el verdadero paraíso y ahora es el momento de tomar un helado sentados en la acera en buena compañía. Por último, “Up” también nos deja, de manera sutil y elegante, una dosis crítica hacia el trabajo absorbente de unos padres que descuidan la educación de los hijos, hacia el materialismo que busca la felicidad en las cosas —ahí está esa necesidad de desprenderse de muebles y enseres para poder volar— o hacia una excesiva mirada al pasado que impide seguir viviendo el presente y buscar nuevos alicientes. No hay duda de que John Lasseter se ha rodeado de profesionales que disfrutan con su trabajo y miman las formas cinematográficas sin descuidar la historia ni el retrato de sus personajes, continuamente marcándose nuevos retos con espíritu de intrépidos aventureros. Ah, y no se pierdan el cortometraje (aunque quizá no se vea en todas las salas) que nos regalan entre nubes y cigüeñas: un portento de imaginación, de sensibilidad y de saber decir mucho sin palabras.
En las imágenes: Fotogramas de “Up” – Copyright © 2009 Walt Disney Pictures y Pixar Animation Studios. Distribuida en España por Walt Disney Studios Motion Pictures Spain. Todos los derechos reservados.
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No sería descabellado decir que “Up” sintetiza todos los hallazgos de la compañía en estos años: una historia arriesgada, un héroe fuera de los cánones de Hollywood y un guión que demuestra un amor profundo por su herencia cultural.
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