Abel Ferry vende una película ciertamente tramposa, enmascarada como trepidante aventura de acción pero convertida a la postre en un título del montón por su manido desarrollo y presuposiciones. Más de lo mismo, contado desde lo alto.
Un grupo de cinco amigos emprende una aventura que les llevará a tratar de escalar algunos de los riscos más atractivos de Europa, en pleno corazón de los bosques de Ucrania. Cuando el que parece ser el más experto de la cuadrilla (Nicolas Giraud) decide seguir una vía cerrada, los demás, pese a las inevitables reticencias iniciales, le siguen sin excesivas vacilaciones. Desgracia para ellos, fortuna para el espectador. “Vertige” es una de esas películas de género solapado a las que es mejor enfrentarse con la más abierta de las mentalidades, sin informaciones y prejuicios, para garantizar que la mixtura genérica que enarbola no se verá lastrada por el ingente catálogo referencial que vive oculto, pero sobradamente manifiesto, en la voraz retina del espectador avezado; luego habrá de decidir, eso es inevitable, si agradece o no en último término el camino tomado por el realizador Abel Ferry, cortometrajista que debuta en el largo con este trabajo escogido para abrir el vigésimo aniversario de la Semana de Cine Fantástico y de Terror de San Sebastián.

Con gran inteligencia, el libreto firmado a cuatro manos por Johanne Bernard y Louis-Paul Desanges borra el principal barrunto de incongruencia ya desde los primeros compases de la trama gracias a la inclusión de un elemento tan viejo como la misma humanidad: los celos, motivación extrema y primigenia que impulsa la disputa entre los dos aspirantes a machos Alfa de la camarilla, Guillaume (Raphaël Lenglet) y Loïc (Johan Libéreau), en dura pugna por la carnal y ciertamente desequilibrada Chloé (Fanny Valette), azotada ya de por sí por recurrentes flashbacks introducidos a base de fotogramas quemados y que atisban las descarriadas existencias emocionales del imposible tridente parejil de colegas/amantes imposibles. Pulidas de este modo con acierto las trabas más forzosamente inconsistentes de la historia ─Loïc sufre de vértigo, pero el amor todo lo puede─, Ferry nos invita a un viaje hiperbólico que potencia con un brío visual soberano las ya de por sí tremebundas posibilidades que brinda un rodaje de altura ─literalmente─ como este, que luce pasarelas sobre el vacío, escarpadas moles de piedra y embriagadores parajes naturales; en la memoria, inevitablemente, el “Máximo riesgo” de Renny Harlin, potenciado por las bondades del paso del tiempo y la mayor explicitud sensorial del joven cineasta galo, y, a una mayor distancia de forma y fondo, el “Touching the void” de Kevin Macdonald, como aterradora aproximación a lo más inclemente e inquebrantable del espíritu humano.

Sin embargo, abandonados ya a la adrenalina de lo que pareciera una propuesta de acción sin horrores de por medio ─más allá de la cruda imponencia de la propia Natura─, los acontecimientos giran radicalmente en sus intenciones y optan por ametrallar al palco en su segunda parte con un bombardeo de clichés regalados por la inclusión de un elemento depredador a todas luces innecesario, inverosímil y previsible en sus actos y motivaciones, abandonando la rocosa hipérbole de la premisa inicial y virando bruscamente a caminos más cercanos al sufrimiento pretendidamente realista de las más recientes “Wolf Creek” o “Eden Lake”, por citar dos primas aledañas y próximas en el tiempo. A pesar de todo, el empuje con el que Ferry mantiene el pulso narrativo, la facilidad con la que maneja recursos tantas veces engorrosos como son las difuminadas realidades que, en aras de la verosimilitud radical, regala el abuso de la cámara en mano, y la manifiesta brutalidad con la que la lógica se abre paso en muchas ocasiones ─la llegada del morador de los bosques no hace sino dinamitar las relaciones entre los personajes centrales y saludar al monstruo que todos llevamos dentro─, salvan la experiencia, aún arriesgada por el decepcionante y manoseado simplismo argumental que presenta el devenir de una trama que se asfixia en la ausencia de objetivos más estimables y perdurables.
En las imágenes: Fotogramas de “Vertige” © 2009 Sombrero Productions, Gaumont, Canal+, CinéCinéma, TPS Star, Banque Populaire Images 9, Région Languedoc-Roussillon y CNC. Distribuida en España por Lauren Films. Todos los derechos reservados.
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porque no te dedicas a vender almanaques , asi no que quejas tanto. con vajo presupuesto ,actores no conocidos que mas queres, ademas este tipo de filme es lo que el director quiso y no lo que le salio
Para esto es lo unico que ha servido la bendita globalizacion para copiarnos unos a otros en cuestion de segundos. Hoy la corriente es imitar instantaneamente para rentabilizar en el mismo lapso de tiempo este cine de pocas sorpresas y muchas decepciones. Personajes de mentiras en tramas de carton. Paises y ciudadanos estigmatizados hasta el cansancio. No importa que al final se diga que “estos hechos fueron veridicos y bla, bla, bla”. Es otra excusa de la industria para vender miedo al otro, miedo a los demas, al miedo enquistado por la xenofobia que se come a paises como Francia, como Inglaterra, a los EU. El enemigo no es de mi pais, esta en otro lado, es la moraleja de este tipo de peliculitas. Mucho derroche tecnico, mas efectos especiales y de ideas nada. Cero.
Faltaria precisar que el facilismo argumental como de desenrolla esta pelicula esta mediado, influido y calcado de las mas recientes peliculas onda gore tipo Hostal o Train por nombrar solo dos. Los europeos copiando las formulas gringas, una decepcion. Al inicio prometia, al final otra pelicula mas de viajantes sufriendo, que casualidad, en los antiguos parajes de la hasta hace 20 años cortina de hierro. No por nada muestran a los antiguos checos y ucranios como una secta de desarrapados, antropofagos y por sobre todo pobres con ganas de acabar hasta con el nido de la perra. Cine estimagtizante, moralizante y por ende mas pobre que la gente que alli caricaturizan
























































